Las compañías están constantemente adaptando sus estrategias a nuevos entornos. Su éxito está ligado a la anticipación en detectar nuevas oportunidades y adoptar una nueva estrategia.

Otro de los pilares del éxito de una nueva estrategia es la transformación de las personas que trabajan en la compañía. Su adecuada formación y motivación les ayudará a superar las dificultades para adaptarse a los cambios.

Desde Tendencias y Estrategias entrevistamos a Susana Fernández López-Villalta, que forma parte de nuestro equipo de colaboradores para eventos que incluyen acciones formativas o de motivación para cualquiera de los distintos equipos de personas que conforman las compañías. Ella también es Profesora Asociada de IE Business School y socia directora de Net4Talent.


Susana Fernández López-Villalta

¿Con qué retos se enfrentan actualmente las organizaciones en relación al desarrollo de las personas para lograr los resultados deseados?

En la compleja realidad en la que vivimos, donde las estrategias de crecimiento pasan por la globalización, la innovación y la digitalización de los negocios, el principal reto de las organizaciones está en facilitar a las personas la transformación cultural que esto conlleva.

Es necesario extraer la máxima expresión del talento tanto a nivel individual como de los equipos. Se necesita afrontar los retos con mente abierta, confianza, proactividad y valentía y también facilitando la colaboración entre las personas, donde el conocimiento fluya y el aprendizaje continuo se sienta como clave para tener éxito.

¿Qué solución es la más adecuada para cada tipo de problemática?

Por un lado, hay que ayudar a las personas a que tomen conciencia de esta nueva realidad y de las implicaciones que la transformación digital tiene sobre las relaciones con los clientes, la estrategia y los procesos; y también sobre su propio trabajo. Para el cambio, es imprescindible que sientan la necesidad de implicarse en su propia transformación.

Una vez dado este paso, las organizaciones tienen la responsabilidad de facilitar los conocimientos, habilidades y actitudes necesarias de forma personalizada, atendiendo al punto de partida de cada uno.

Es necesario crear espacios de aprendizaje colaborativo y promover el uso de metodologías ágiles que favorezcan la innovación y la creatividad, así como utilizar plataformas que facilitan el autoestudio.

Además, el entrenamiento de los líderes es imprescindible para que acompañen a sus colaboradores en este desarrollo a través del mentoring o el coaching. Estas estrategias de desarrollo son algunas en las que muchas compañías ya están apostando y que poco a poco van teniendo sus frutos.

¿Se suele tener en cuenta lo importante que es ayudar a los directivos y empleados a encajar los procesos de transformación?

Existe una conciencia cada vez mayor, sin duda. Es muy difícil encontrar líderes que no asuman su responsabilidad en este sentido ni compañías que no comuniquen que las personas y su talento son lo primero.

Lo que sucede es que el ritmo del negocio es tan intenso, los objetivos tan ambiciosos y la necesidad de ejecutar de manera inmediata tan alta, que al final la energía y el tiempo se invierten en resolver lo inmediato.

La transformación de las personas es un proceso y requiere de tiempo y de constancia, y por eso es tan importante que si una compañía apuesta por esta transformación, sea comunicada como una prioridad.

Además, hemos visto que es vital que la compañía recompense y respete los espacios de tiempo necesarios para que los líderes puedan tener las conversaciones de desarrollo con sus equipos, ya que éstas son la clave de la transformación progresiva deseada.

Cada directivo tiene su estilo de dirigir, pero ¿es posible homogeneizarlos? ¿sería bueno hacerlo o es mejor que cada uno dirija a su manera?

Para desarrollar a las personas, el primer paso es tener muy bien definido cómo se espera que actúen y el resultado deseado.

Si lo que se desea es que las personas actúen con proactividad, que se involucren en proyectos y que se les vea con energía y con confianza en sí mismos, el directivo tiene que poner su objetivo en conseguir esto a través de sus habilidades de liderazgo y, si no lo está consiguiendo, necesita ser flexible y adaptar su estilo de dirección a las personas de su equipo. Es difícil lograr que una persona se sienta totalmente responsable de algo con un estilo autoritario, que alguien aprenda deprisa sin refuerzo positivo o que alguien alcance la maestría sin ser retado constantemente.

Cada persona necesita, según su nivel de desarrollo y para cada tarea, una forma diferente de ser dirigido si se quiere conseguir su máximo potencial. Este enfoque suele ser un descubrimiento para la mayoría de las personas con las que trabajamos, las cuales encuentran el cielo abierto cuando ven que existen metodologías muy claras y sencillas para desarrollar y motivar.